lunes 22 de junio de 2009

RITUALES SIN RITUAL

Volaban de manera particular, nos preguntábamos tal vez tontamente a los oídos de ellas, ¿Por qué no permanecían todas en el techo? Permanecíamos todos de pie bajo la noche, en el patio, ¡era una fiesta! y preguntábamos ¿Por qué no bailaban? Reirían de la tonta pregunta si nos escucharan, pero una neblina de aire adicto a la mariguana; ¿dije mariguana? El posaba una elegante vestimenta rosada, entre un mar de camisetas negras y miradas desoladas ¿porque lo observaban? Reirían de la tonta pregunta si nos escucharan pero una neblina de aire adicto a la mariguana; ¿dije mariguana? Promovían un candente baile, en una fiesta rotulada como: “fiesta reggae” y nos preguntábamos- aunque satisfechos por la decisión de cambiar la música- si Bob Marley bailaría salsa. Reímos tontamente al imaginarlo con sus rastas, su pucho de mariguana; (¿dije mariguana?...) bailando el Cali pachanguero.

“Lo rituales sin ritual”, eso es: una posición repetitiva, un manual, una fila de movimientos consecuentes aunque en la mayoría de los casos involuntarios, o ¿inconsecuentes pero voluntarios? Con una mano el sujeta un pucho de mariguana, si, ¡dije mariguana! Y con la otra acaricia suavemente los precipicios de su rostro, tal parece que la dibujara, que la amara. La verdad no la ve a ella. Ver sus ojos llorones y escarlatas seria el preludio de una historia de amor, observar dicha mirada seria inspirador, cuantas páginas de amor real. Cohelo y el mismo Gabo morirían engañados si no se percataran, la verdad él no la ve a ella.

Mientras envuelta entre suspiros y travesías se deleita entre las caricias de él, creyendo que la dibuja nueva y delicadamente con sus roses, el no la ve a ella. Ella no lo imagina, pero si supiera la verdad caería… ¿cómo? Sería como si la imagen de una virgen coronada se diera cuenta de que es solo un artificio de Trento- que no es María, que es solo una imagen pintada- y ante la dolorosa revelación empezara a desvanecer el rompimiento de gloria sobre el que ella poderosa se posaba, las nubes empezarían a evaporarse y María caería como otro mortal, sobre un suelo que no está.; sus pretensiones palidecerían e incluso tras la caída, sobre su cabeza llegaría la pesada corona que la trinidad posaba sobre ella para coronarla, “reina mía”. Lloraría aun mas al sentir que la corona no le hizo daño alguno, no porque ella sea divina sino porque es tan leve como ella, como la corona, No es real. Es solo un trozo de pintura.

¡Verdecita de mi amor! Se arrastra como un perro y carente de elegancia. Mas elegancia tiene el cortejo que hace un perro a su perra, aun mas hombría aunque no tenga sentido, pues se queda cabizbajo pegado a la cola de su amada tras la calorosa faena, asume sus actos. Era como el cortejo de las cabras ¿han visto? se dan topes de cabeza y con los cuernos sin duda se lastiman, a ella le parecía adorable, pero es que no sabía de los cuernos ocultos de su capricornio amigo. ¡Cabròn diría! Luego él, capricornio, como lo llamaremos en adelante pavoneaba ¡realmente como un pavo real! Abría despampanante sus alas, solo que las alas de capricornio no eran más que un abanico de para-frases y mierda literal ¡nada de original! El lastimero acto de cortejo expuesto por capricornio no era más que para -fraseos, ataques vertiginosos de “macho alfa” de hecho tuve miedo de que en su afán de conquista pudiera mear alguna vez a cáncer, como la llamaremos a ella en adelante.

El cortejus de capricornio se alejaba cada vez más del fin original no, no llegaría al apareamiento. Era débil y lacónico, seguramente cáncer pensó muchas veces que si capricornio se llevara un día un seno suyo a la boca, seria para amamántalo, no sería nada sexual, nada erótico sería un acto de lastima, de piedad seguro capricornio estaría satisfecho.

Sin saberlo los actos suscritos en su “ritual sin ritual” solo apuntaban a ello, cada movimiento. Su peinado, su ropa, sus discursos, sus aspiraciones- en realidad no tenia tal pero insistía en hablar de ellas- el sino de su vida era la compasión que podía inspirar en los demás. Cáncer le daba todo lo que él buscaba, él lo sentía, aunque les repito jamás podía verla, por eso le encantaba tocar su rostro, era como leer en braille. Era un rostro hermoso para fundir a sus genes que eran hermosos (era un narcisista) y dar vida… no, en realidad no quería hijos, solo buscaba el acto precedente con entusiasmo, era un narcisista, también un ególatra, así que sabía de antemano cuan buen amante era y aspiraba a que cáncer multiplicara en su boca las anécdotas sobre el buen polvo que encarna capricornio.

¡Verdecita de mi amor! Y cáncer suspiraba ¡Verdecita de mi amor! Y luego lo abrazaba, lo miraba fijamente pero diría ¡Cabròn! si observara el reflejo que de ella se proyectaba en el instante al interior de los llorosos ojos de capricornio. Un pucho verde y más intenso que la esperanza que vivía en la virgen antes de conocer su realidad y el asunto sobre Trento. ¿Pucho o una pucha? era una cuerna, una cigarra, una cachita, un rollito de papel lleno de verde mariguana, con unas tetas verdes y redondas (tenia las tetas chicas y como mirando algo que han perdido); un liso y largo, lacio cabello verde (en verdad tenía el cabello corto) unas piernas largas como dos enormes cachos encendidos (tenia piernas cortas, débiles. pero tenía unas zapatillas doradas que al medio día se asemejaban al fuego)capricornio no veía a cáncer veía su amada mariguana, la intrusa, la otra que en verdad no era tan amada, era solo un artificio que lo llevaba a los brazos de su verdadero amor.

Capricornio era algo “homosexual” (por estos días me encanta esta palabra por eso la entrecomillo) todo lo que decía amar, era solo un puentecito de colores que lo llevaría a su verdadero a amor que era en verdad “el compunción” -sinónimo de compasión -que era el sentimiento que capricornio disfrutaba despertar en otros. Con-pasión disfrutaba la compasión que se posaba sobre su cuerpo. Posaba, es decir, adoptaba ciertas posiciones para aliviarse con la compasión que venía en pequeñas y grandes dosis; abrazos, besos, caricias y la atención que por cierto olvidaba cada día tras pasar la noche. La mariguana, entre otras, era una de las puertas a la compasión que alcanzara, pero combinar la búsqueda de ambas lo sumergió sin que él se percatara.

Resulta que capricornio era adicto a la compasión, si, disfrutaba al ser el objeto de la compasión ajena. El problema surgió cuando un día en busca de “rituales sin ritual” noto que el consumo desmedido de alucinógenos despertaba la compasión ajena. Capricornio empezó hacerlo a diario y en poco tiempo no solo era adicto a la compasión sino también a la mariguana, se drogaba, se chutaba y veía a sus amantes como lo he descrito ¡Verdecita de mi amor! ¿Recuerdan? Se drogaba de tal forma que todo lo olvidaba, así que en medio de sus trabas no veía la compasión que generaba en los demás. Al despertar al siguiente día notaba que faltaban dosis de “el compunción” su amado compunción que era olvidado mientras capricornio en busca del mismo, le era infiel con la mariguana.

La escena era como si el homosexual, “capricornio”, amara al andrógino “el compunción.” “mariguana” era la mejor amiga de “el compunción” el camino de llegada, el puente. Capricornio empezó una amistad con mariguana para llegar a “el compunción” pero sentía temor de aceptar a quien en verdad amaba, aparentaba ante todos “si amo la mariguana… no busco compasión…” y fingía olvidarlo, olvidar “el compunción” mientras estaba con mariguana; Pero cada mañana se despertaba con deseos de amarlo, de amar a “compunción. ”

(continuara….)